jueves, 11 de julio de 2013

Aquellas... Que no se llevo el viento.

No sé si sea una generalidad en todos aquellos que disfrutamos de leer, pero de vez en vez las palabras se quedan con nosotros y trasciende de mero sonido emitido al leerlas a ecos del corazón. No creo que sea particular de un genero literario, pues habrá los que leen de seres míticos y piensan que alimentarse de los fluidos de alguien más es una estupenda idea o aquellos que después de terminar de leer un libro juran y perjuran que el libro les habla teniendo un significado oculto que solo ellos han descifrado. Son estos, ejemplos de expresiones de cómo las palabras no solamente pasan de nuestros ojos a la mente, donde encontramos su significado, si no se dirigen al corazón (o las entrañas) -esto depende del genero literario- donde el significado lo transformamos en sentimiento y no lo dejamos ir. Esta experiencia me ha sucedido con ciertos libros y me gustaría platicarles con el primero que me sucedió. No recuerdo la edad exacta en que lo leí – esto no se debe a que una mujer no deba recordar su edad-, pero debí haber estado entre los 15 y 18 años. El libro se llama La insoportable levedad del ser del escritor checo Milan Kundera, desde el titulo sabia que algo interesante y prohibido me esperaba entre sus líneas. Y no estaba equivocada, desde que exploré la lectura en sus primeras paginas, un mundo de paradojas se iba formando, que al principio no comprendí sin embargo hacían resonar mi cuerpo. Experimenté por primera vez amor, rechazo y molestia por todos los personajes; probablemente esto se deba a que Tomás, Teresa, Sabina y Franz representan la condición humana, el sentir y actuar del hombre desde sus deseos ocultos, la desmembración de las relaciones humanas vividas en la carne de otro, el sentir dolor, amor, perdida, libertad, ataduras. En mi corazón se quedaron sus pesares y cuestionamientos; la ligereza con la que Tomás vive su vida sexual y su amor, el peso que crean los celos en Teresa, la búsqueda constante por la libertad al grado de una separación del cuerpo y el alma que experimenta Sabina, el idealismo lírico a lo fuera de lo común de Franz. Ahora, después de varios años de haber leído este libro se que el motivo de que las palabras de Kundera no se las llevará el viento, fue por que encontré en ellas a mi temprana edad una explicaciones de las relaciones humanas, de los sentimientos y algunas respuestas a las preguntas que se generaban en mi interior. No lo puedo asegurar pero tal vez si no lo hubiera leído aquella vez y decidiera leerlo hoy, las palabras pasarían por mi cabeza tendrían un significado y saldrían a volar a otra parte, fuera de mi ser.

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